Taller-Audición: Algo sobre las palabras ‘propias’

by Omar Fuentes

Hace algunos días, Silvia me mostró un anuncio publicado en Facebook acerca de un “Taller-Audición” que organiza una compañía de teatro/danza. Tras la penosa lectura del mismo, reflexioné sobre varios aspectos referentes al lenguaje.

Sin el afán de infligir innecesaria tortura a tus neuronas, transcribiré sólo un fragmento titulado “presentación del taller” para “presentar mi caso”:

El actor/bailarín en tanto sujeto/objeto de su propio trabajo debe lograr un manejo consciente y voluntario de su instrumento en un quehacer dialéctico que permita una entrega total al plano de la realidad y los condicionamientos naturales, al tiempo que configura un horizonte de reacciones en el mundo de las convenciones teatrales. La acción física parece mostrarse como una puerta fértil a este doble sendero y el estudio del movimiento se colige como uno de los pasos previos a dicha organización, de esa manera, el entrenamiento corporal se yergue como bastión que genera, no sólo libertad y conocimiento para el manejo consciente y voluntario del aparato psicofísico, sino una postura ética/ideológica del actor autónomo ante las decisiones cotidianas que la profesión demanda. El entrenamiento es una pega que vive ardiente en ropa de trabajo y en secreto devela nuestra identidad; La técnica de movimiento es una posibilidad de apropiación de la flor y servirá como las dos orillas del río que sostienen la conducta del performer en escena.

Así pues, este párrafo “presenta” el taller. Entonces… ¿de qué trata el taller?

Las palabras ‘propias’

Es común que las profesiones y oficios utilicen un léxico ‘propio’ para describir ciertos aspectos inherentes al rubro.

En algunas ocasiones, simplemente se trata de tener un vocabulario particular relacionado con el campo; en primera instancia, esto suele otorgar cierta identidad a dicho campo.

¿Has escuchado hablar a un policía por televisión (cuando los entrevistan en un noticiero, por ejemplo)? Al menos en México, los policías no reconocen las palabras y no como alternativas a una pregunta cerrada. En este contexto, es difícil que escuches algo como:

- Oficial, ¿ya capturaron al delincuente?
– No.
– Oiga, ¿pero ya lo están buscando?
– Sí.

Lo que normalmente escucharás es algo como:

- Oficial, ¿ya capturaron al delincuente?
– Negativo.
– Oiga, ¿pero ya lo están buscando?
– Afirmativo.

En otras palabras: si quieres sonar a policía mexicano, sustituye la palabra por afirmativo y no por negativo. Sustituye asesinado por occiso. Sustituye carro, auto, coche por vehículo. Sustituye compañero de trabajo por pareja.

En algunos casos, además, esta elección de palabras ‘propias’ puede ser una medida útil y necesaria: sucede cuando, por ejemplo, se pretende definir algo bajo los criterios particulares de la profesión. Citando un caso clásico: Freud decidió proponer la palabra pulsión (trieb, en alemán) para hablar en el ser humano de lo que aproximadamente correspondería al instinto (instinkt, en alemán) en las demás especies animales. No son la misma cosa y tienen implicaciones muy diferentes para la propuesta de Freud; así fue como hizo esta distinción de manera explícita con la introducción de una palabra nueva para el incipiente campo de la Psicología.

Así, se espera que los miembros del gremio de los psicólogos (en este caso específico, los psicoanalistas) conozcan la diferencia entre pulsión e instinto de modo que puedan comprender con facilidad un discurso relacionado al tema que incluya esa palabra ‘propia’ y no requieran de mayor explicación para lograrlo.

Por el otro lado -el lado idealista de la moneda- un discurso relacionado al tema pero dirigido a una persona ajena al campo quizás debería contar también con una breve explicación de la palabra pulsión y de su significado específico en el campo del Psicoanálisis, de modo que para el neófito sea más fácil acceder a la comprensión de dicho discurso.

Las palabras como estrategia de argumentación

Sin embargo, en muchas ocasiones el empleo de ciertas palabras suele estar motivado por intenciones diferentes, por ejemplo, como las que están relacionadas con la persuasión.

Sucede que hay personas que utilizan palabras difíciles de entender o de contextualizar con la finalidad de que los escuchas fácilmente puedan llegar a la inferencia de que los primeros tienen un grado de conocimiento, cultura o experticia muy superior. El efecto generado se parece a la paráfrasis bélica: “confunde y vencerás”.

Por extraño que parezca, ésta sigue siendo una estrategia típica en el discurso de algunos políticos mexicanos. “Para el inminente enfrentamiento de nuestro país con la depresión financiera e incertidumbre global es innegable la necesidad de una verdadera renovación de la salud económica nacional mediante una cuidadosa planeación y una sólida legislación que facilite la obtención de la reactivación y articularización de los mercados y la habilitación de la regularización presupuestaria…” En este momento, por supuesto, varios ya se perdieron… pero retoman el hilo del discurso cuando el orador remata: “… con el firme compromiso de dar el bienestar que tú mereces, que tu familia merece, ¡que México merece!” (aplausos).

Nuestros amigos del “taller-audición” utilizan algo muy valorado en el ámbito artístico: describir de la forma más churrigueresca posible algo que los néofitos no van a entender… de hecho, muchos artistas tampoco lo entenderán pero fingirán que es harto interesante.

Mira que participar en un entrenamiento en el que seré capaz de “controlar mi cuerpo” no es lo mismo que participar en un entrenamiento que “se yergue como bastión que genera, no sólo libertad y conocimiento para el manejo consciente y voluntario del aparato psicofísico, sino una postura ética/ideológica del actor autónomo ante las decisiones cotidianas que la profesión demanda”.

¡Puts!

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