Señor Intendente

by Omar Fuentes

Recuerdo que, cuando era niño, en la casa escuchábamos música todo el tiempo. Mi papá se encargaba de ambientar el hogar para que todos disfrutáramos de la música; todo era tan sistemático, que sólo era cuestión de verlo caminar hacia su “equipo modular” para saber que era el momento de la fiesta…

Así, se me grabó en el inconsciente musical -para bien o para mal de mi futuro como músico- el sonido de los coros de Frank Pourcel, el acento de George Moustaki, el vibrato de Tania Libertad y las zampoñas de la música sudamericana.

Había un disco que yo disfrutaba en particular. Se trataba de un trío llamado “Los Delfines” y cuyo L.P. se titulaba “Ecos de los Andes”. Para mí, era simplemente “el disco de la montaña” (lo bauticé de ese modo porque la portada presentaba una fotografía de Machu Picchu).

El track número 4, de nombre “Señor Intendente”, era definitivamente mi favorito. Es un carnavalito boliviano de Tito Yupanqui, escrito con el más puro estilo de la clásica copla de cuatro versos en la que una voz desafía a la otra (en México tenemos la referencia de Pedro Infante y Jorge Negrete peleando verbalmente al son del mariachi).

Ella (que en realidad es un hombre del trío con un falsete que emula la voz femenina) canta:

Señor Intendente,
justicia le pido:
es que mi marido
no duerme conmigo.

Entonces, él responde:

Señor Intendente,
esta mujer miente:
yo duermo con ella,
ella no me siente.

Aquí, mi melómano lector, es probable que pienses que no me he tomado mis pastillas. “¿Qué tiene que ver todo esto con el lenguaje?”, quizás pensarás. “Ya voy, ya voy”, quizás responderé.

Ella canta:

Si tu marido es celoso
dale a tomar mazamorra
y si te sigue celando
seguíle mazamorreando.

Él responde:

Si tu marida es celosa
dale a tomar chocolate
y si te sigue celando
seguíle (rellene con la palabra correcta).

Aquí empezamos con las inferencias lingüísticas:

  • Si ella dice -para “mazamorra”- “mazamorreando”, pues él dirá -para “chocolate”- …

¡Exacto! “Chocolateando”. No solamente es el gerundio obvio; además, la métrica y la rima de la canción nos dan pistas para saber que “chocolateando” es la palabra correcta.

Ella continúa:

Préstame tu cuchillo
para cuchillearme.

Él responde:

Préstame tu revólver
para (rellene con la palabra correcta).

  • Si ella dice -para “cuchillo”- “cuchillearme”, pues él dirá -para “revólver”- …

¿”Revolvearme”? ¡Correcto! Otra vez, la inferencia es morfológica, pero también la rima y la métrica establecieron ya cómo debía sonar la palabra.

‘Ora sí. ¿Qué tiene todo esto que ver con el lenguaje? ¿Para qué sirve saber/comprender/analizar todo esto?

Para responder, lo hago con otra pregunta:

¿Te imaginas lo que sería poder comunicarte mientras creas un ritmo tan característico en la mente de tu interlocutor, de modo que le sea completamente natural el saber lo que a continuación tiene que seguir?

Una de las consecuencias lógicas de lo anterior sería que la otra persona pudiera pensar -o, incluso, decir- justamente lo que tú quieres que piense -o, incluso, diga, a partir de todo lo que ya estableciste.

  • Señor Consultor: ¿Te imaginas lo que sería poder diseñar un mensaje mientras creas las condiciones lingüísticas justas en la mente de tu cliente, de modo que éste sepa naturalmente que lo que a continuación sigue es la frase “lo voy a contratar”?
  • Señor Terapeuta: ¿Te imaginas lo que sería poder diseñar un mensaje mientras creas las condiciones lingüísticas justas en la mente de tu paciente, de modo que éste sepa naturalmente que lo que a continuación sigue es la frase “lo voy a cambiar”?
  • Señor Vendedor: ¿Te imaginas lo que sería poder diseñar un mensaje mientras creas un ritmo característico en la mente de tu cliente, de modo que éste sepa naturalmente que lo que a continuación sigue es la frase (rellene con la frase correcta)?

El curso en línea Pases Mágicos… está casi listo. Imagínate lo increíble que está quedando que hasta me recordó el soundtrack de mi infancia tatuado en mis recuerdos.

:D

PD. La copla termina así. Ella dice:

Rebuzna, burro, rebuzna
no dejes de rebuznar
que si te sientes gallito
gallina vas a parar.

Él revira:

No te equivoques, Cholita,
lo de gallo lo sostengo
y si algo de burro tengo
será lo que te mantengo.

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