Manual pragmático para reconocer la mordida

by Omar Fuentes

En México, utilizamos la palabra mordida para describir un acto en el que no necesariamente hay dientes involucrados. Nuestra Academia Mexicana de la Lengua nos ayuda con el significado de esta acepción de este modo:

mordida. f. Dinero obtenido de un particular por un funcionario para acelerar un trámite o disimular una infracción.

Sólo para aclarar la distribución de roles: el que da la mordida es el particular; el que pide la mordida es el funcionario.

Antes de hincarle el diente al ejemplo que nos ocupa, cabe señalar la peculiaridad de la relación entre el mordedor y el mordido: pedir o dar una mordida es ilegal: es un acto de corrupción penado por las leyes. Sin embargo, para muchos, pedir o dar una mordida es necesario: el que muerde normalmente lo hace para ahorrar tiempo y esfuerzo; el mordido se encarga de exaltar las ventajas de la mordida.

Es fácil asumir que ninguno de los dos participantes quisiera ser pillado con los dientes en la masa y, al mismo tiempo, las dos partes imaginan que la mordida es la solución rápida a la situación que están enfrentando.

Ante semejante conflicto, los actores de la mordida se han abierto paso para lograr lo semánticamente imposible: hablar de las condiciones de la mordida sin hablar de las condiciones de la mordida. Vea usted:

Un automovilista comete una infracción al cruzar la calle con el semáforo en rojo. Un policía de tránsito, que curiosamente estaba montado en su motocicleta en la esquina de los hechos, hace sonar su megáfono y vocifera:

- Automóvil negroscuro, oríllese a la orilla

El conductor infiere con rapidez que el policía no le está hablando “de usted” al automóvil negroscuro (distinción importante si acaso hay otro automóvil negroclaro en la zona), pidiéndole que se orille a uno de tantos lugares a los que es posible hacerlo: la orilla. Así, concluye acertadamente que es él mismo el que tiene que virar el volante, disminuir la velocidad y detenerse a un lado (y, con él, a su automóvil).

Es aquí donde propiamente comienza la negociación. Si eres mexicano, muy probablemente no requieres de explicación ulterior; si no lo eres, pon atención. La escena ocurre con el policía de tránsito parado a un lado de la ventanilla del piloto y el automovilista en el interior de su vehículo.

- Psk pasó joven. ¿K no vio el alto?

Traducción: “Te pasaste el alto y te vi.”

Nota: joven es un decir; no importan los años que hayas vivido o tu autoconcepto… para el policía de tránsito, todos somos jóvenes.

- Perdóneme, oficial. La verdad es que vengo pensando en otra cosa. Pero no lo vuelvo a hacer.
(Esto lo dice mostrando su licencia para conducir y la tarjeta de circulación del auto).

Traducción: “Déjame ir que traigo prisa; además se me hace que ni dinero traigo.”

Nota: oficial es también un decir; es solamente una muestra quizás innecesaria de respeto por la autoridad.

- Uuuuuuy, ‘íralo ya ve. Nomás por el puro alto son cinco días de salario mínimo pero psesk tampoco trae su calcomanía de la verificación de usté. Eso es corralón, joven. Y luego para recuperar su vehículo de usté es un problema porque, ‘ire, hoy es viernes y ps ya mañana no hay nadie que le dé su vehículo de usté.

Traducción: “Es mejor que ofrezcas algo pronto si no quieres que encuentre más violaciones al reglamento de tránsito. Ríndete.”

- No, oficial. Imagínese. Todavía tengo que hacer un chorro de cosas. ¿No hay otra forma de que nos arreglemos?

Traducción: “Está bien. Sé que no me vas a dejar ir gratuitamente. Dime: ¿cuánto quieres?”

- Psesk ‘ire. Aquí está bien clarito en el artículo 39 sección 2 párrafo segundo de que no puede conducir su vehículo sin su engomado de usté. Dígame, ¿cómo le hacemos?
(Esto lo dice entregando un reglamento de tránsito traqueteado y abierto en una página al azar).

Traducción: “Coloca la cantidad de dinero que creas conveniente en el interior de este libraco para que te deje ir.”

- ‘íjole. Tiene toda la razón, oficial. Aquí está bien clarito. Hasta un ciego lo hubiera visto. M’cae que no lo vuelvo a hacer.
(Esto lo dice habiendo colocado un billete de 100 pesos en el interior del reglamento).

Traducción: “Traigo 100 pesos. Ya déjeme ir.”

Nota: “Un ciego” hace referencia justamente a la cantidad incluida en el librito -a saber, “un cien”.

- Uuuuuuuuy. Psk pasó. A mí se me hace que no leyó bien. Fíjese, joven. La multa son 15 días de salario. Y luego lo que se tarde en todo lo demás. Hasta Sor Juanita se sabía bien el reglamento.
(Esto lo dice devolviendo el reglamento al conductor).

Traducción: “Por lo menos dame 200 y te dejo ir.”

Nota: “Sor Juanita” hace alusión al motivo principal del billete de 200 pesos, Sor Juana Inés de la Cruz.

- A ver, pues. Déjeme ver si alcanzo… A ver si ahora sí porque es todo.
(Esto lo dice tomando el reglamento, añadiendo un billete de 50 pesos y regresándolo al policía).

Traducción: “Ya no traigo dinero para darte. Tómalo o déjalo.”

- Ándele, pues. Nomás porque ya no quiero retrasarlo en sus cosas de usté y para que no diga de que no se le apoya. Váyase con cuidado.
(Esto lo dice tomando el reglamento con cierta resignación).

Traducción: “Está bien. Mejor ya vete porque se me están escabullendo otros que se están pasando el alto y todavía no cumplo la cuota.”

Una vez que inicia, este tipo de interacción pragmática se basa en el siguiente razonamiento:

Yo sé que tú sabes que yo sé; por eso, no es necesario que te diga que lo sé.

Este tipo de contratos no es exclusivo al contexto de un acto de corrupción. Aquí es muy evidente la justificación del mismo: el policía de tránsito prefiere pedir la mordida pero prefiere no decirlo directamente, porque es un delito; el conductor, prefiere dar la mordida pero prefiere no decirlo abiertamente, porque es un delito. Y ninguno de los dos sabe si acaso le tocó un policía/conductor honesto que lo pueda acusar después.

Ambas partes saben. Ambas partes saben que el otro sabe. Por eso, ambas partes saben que no es necesario decir que lo saben.

Quizás parece demasiado complejo pero, en general, todos aprendemos a interactuar pragmáticamente en algún momento de nuestras vidas, en mayor o menor medida. Esto nos ocurre, no solamente en un acto de corrupción sino, en términos generales, en las familias, entre los amantes, en los negocios, en la política, en las relaciones públicas y un largo etcétera.

¿Qué tal?

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