El narcoléxico

by Omar Fuentes

En posts anteriores he mencionado algo acerca de la habilidad que tenemos los hablantes de un idioma para construir nuevas palabras a partir de las células morfológicas del mismo. En palabras menos técnicas, cómo podemos crear nuevas palabras tomando como base algunos ‘pedazos’ lingüísticos que instintivamente comprendemos por el simple hecho de ser competentes en un idioma.

Ayer en la primera plana del Reforma apareció una noticia lingüísticamente interesante: en febrero de este año, tras un operativo que incluyó la captura de “El Enero”, cabecilla de “La Familia Michoacana”, encontraron tres libretas en las que se describe el pago que dicha célula del cártel paga a diversos funcionarios y policías del Estado de México y federales para poder continuar impunemente con su negocito.

¿Cómo se llama ese listado de ‘servidores públicos’ sobornados? Simple: se llama narconómina.

Debemos entonces a los narcos una herencia léxica enriquecedora. Gracias a sus negocitos y a la relevancia social de los mismos tenemos una buena cantidad de neologismos para referirnos a ellos, a sus actividades y a sus vicisitudes.

El sustantivo narcotráfico, de hecho, es de donde resulta el apócope narco, partícula que justamente utilizamos como prefijo para construir nuevas y narcóticas palabras.

Claro, ya teníamos la acepción de sueño, como en narcolepsia. Sin embargo, el fenómeno del narcotráfico ha sido tal que la construcción de palabras a partir de narco tiene connotaciones más relacionadas con el negocito.

Así, narcotraficante es el que trafica con narcóticos o estupefacientes (y no el traficante que se queda dormido); narcomenudeo es la venta al por menor de estupefacientes (y no la venta al por menor de sueños); narcodólar es la ganancia resultante del negocito expresada en la conocida divisa (y no un billete somnoliento); narcosatánico es la referencia al culto por Lucifer combinado con el negocito (y no un adorador soñador del inframundo); y un largo etcétera.

Vemos las noticias de las últimas narcocapturas, nos sorprendemos con sus narcotúneles y cantamos los narcocorridos (estilo musical mexicano que relata una narcoaventura).

Y ahora sabemos de la existencia de las narconóminas que describen las narcotransacciones entre el narco y los narcopolicías y narcofuncionarios narcosobornados en el Estado de México, aparentemente un narcoparaíso para las narcadas narcoimpunes.

¿A dónde nos lleva todo esto, lingüísticamente hablando?

¿Te imaginas lo que sería crear/utilizar un ‘pedazo’ lingüístico que se anteponga a las palabras para que tu marca, servicio y/o producto sea relacionado automáticamente contigo? Los narcos lo lograron, casi sin querer.

¿Te parece exagerada mi propuesta?

Entiendo. Difícil de creer. Lo sé.

Te pregunto: ¿dónde puedes comprar una hamburguesa McPollo? ¿Y una McNífica? ¿Y una McTocino? Correcto: en McDonald’s. Y si hubiera una bebida denominada McMalteada y una hamburguesa llamada McLovio… ¿en qué piensas? Correcto: ¡en McDonald’s!

Te pregunto: ¿qué compañía fabrica los iPods, los iPhones, las iPads, las iMacs? ¿De quién es iTunes, iMovie, iWeb, iCal, iPhoto, iDVD, iBook? Correcto: Mac. Y si saliera al mercado un iCar, un iHome, una iDoll o un iSí-Cómo-No… ¿en qué piensas? Correcto otra vez.

No son los únicos casos pero probablemente sí los más populares.

La clave lingüística es la siguiente: una vez que un morfema adquiere un significado para los hablantes de un idioma, su comprensión se vuelve accesible y la interpretación correcta de neologismos creados a partir de ese morfema se vuelve muy probable.

La clave publicitaria es la siguiente: primero tienes que asociar al morfema con tu marca, producto o servicio, de modo que te asegures que dicho morfema significa exactamente eso que quieres que signifique en la mente de las personas, para después poder crear nuevas palabras o marcas derivadas de dicho morfema.

Nota al pie: iSí-Cómo-No es una marca registrada por Omar Fuentes. No aceptes imitaciones.

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