El cepillo millonizador

by Omar Fuentes

Un cepillo millonizador bien podría ser un artefacto con cerdas tomadas de la melena del mismísimo Sansón para reproducir por millones los escasos cabellos de aquéllos que presumen -por decirlo de algún modo- un cráneo descabellado… imagino, tras un obligado y concienzudo “cepillado”.

Pus no.

Un cepillo millonizador también podría ser uno que sirviera para escobillar monedas y billetes y que, por obra de algún tipo de hechizo o milagro de infomercial, éstos se convirtieran en millones en un santiamén cósmico.

Pus tampoco.

(si por algún momento te emocionaron las ya refutadas promesas del artilugio en cuestión, lee la posdata)

Cepillo millonizadorResulta que un cepillo millonizador es, en realidad, un elemento de la “nueva mascara para pestañas que hace que se multipliquen por millones” de la marca L’Oreal.

¿Qué tal? Millones de pestañas nomás con un cepillín.

Bueno, bueno… evidentemente mi intención aquí no solamente es ir construyendo un sarcasmo acerca de la muy brillante y en extremo plausible promesa publicitaria (¡ups!); mi propósito es, de hecho, utilizar este ejemplo como una referencia morfológica. Pon atención.

¿Millonizar? ¿Millonizador?

Lo primero era, por supuesto, inventar el verbo. Un verbo que significara “multiplicar por millones”.

(sé bien, apreciado lector, que el idioma materno de esta campaña publicitaria no fue el Castellano; fue el inglés, de hecho… sin embargo, en este específico caso, es posible aplicar las reglas sintácticas de nuestro idioma para hacer una alegoría didáctica, lingüísticamente más rica y quizás divertida del ejemplo que estamos analizando)

Probablemente, la primera opción que se les ocurrió fue “millonar” (to million, en inglés); en Castellano también habría hecho audición el verbo “millonear”.

Hube podido imaginar al Sr. L’Oreal recitando:
“Yo millono, tú millonas, el millona… ¡no me gusta!”
“Yo milloneo, tú milloneas, el millonea… ¡tampoco!”

Y, entonces, el momento lingüístico del día llegó cuando ocurriósele el verbo “millonizar” (en inglich, to millionize). Genial, ¿no?

“Yo millonizo, tú millonizas, el milloniza… ¡yes!”

Con esto, la tarea ya estaba resulta: Quedaba ya muy claro que el cepillo mágico millonizaría las pestañas de los usuarios; ahora sólo había que crear el adjetivo para el cepillo:

millonizador, ra.
1.
adj. Que milloniza. U. t. c. s.

(por cierto, curioso lector, en el mundo de los diccionarios, “U. t. c. s.” significa “usado también como sustantivo”, ¿OK?)

¿Por qué funciona?

Muchos defensores de la lengua de Castilla se enojan cuando algún ‘creativo’ utiliza una palabra que no está en el diccionario. “¡Esa palabra no existe!”, reclaman con espuma en la boca los más puritanos del idioma…

(lo que me lleva a pensar: si podemos pronunciarla, existe de alguna manera, ¿no?)

Yo soy de los que piensa que mientras el escucha pueda inferir por sí mismo el significado de una palabra, ésta tiene oportunidad de generar lo que se espera que genere.

¿Cuál es el truco? La morfología: dicho de un modo burdo, el truco consiste en tomar ‘partículas’ semánticamente comprensibles y unirlas de acuerdo a las reglas morfológicas del idioma.

¿Quequé? ¿Quequequé? ¿Quequequequé?

“Millonizar” cuenta con esas características (prometo ser sencillo):

  • La partícula principal (llamada stem) es “millón”, que es un sustantivo.
  • Para ‘convertir’ un sustantivo en verbo tenemos varias formas de hacerlo; una de ellas es añadiendo la partícula “-izar”, como en “cauterizar” o “caracterizar”.
  • Para ‘convertir’ ese tipo de verbos en adjetivos también tenemos varias alternativas; una de ellas (cuando queremos darle una cualidad de “el que”) es añadiendo la partícula “-dor, dora”, como en “cauterizador (el que cauteriza)” o “caracterizador (el que caracteriza)”

Tu cerebro ‘reconoce’ las reglas morfológicas empleadas y reconoce también el significado de cada una de esas partículas lingüísticas. Resultado: tu mente ata los cabos.

Comentario al margen…

Puedo explicar cómo podría funcionar la idea millonizadora del Sr. L’Oreal y también puedo sumergirme grácilmente en las sutilezas del lenguaje tomándola como ejemplo… Sin embargo, no necesariamente me parece la mejor propuesta para vender un producto cosmético, ¿me explico?

La intención de este artículo es, a lo mucho, analizar el aspecto morfológico pero no el publicitario de la palabra en cuestión, ¿sale?

Corolario

¿Alguien se acuerda de “Parangaricutirimícuaro”?
El verbo era, por cierto, “desparangaricutirimicuarizar“…
El agente era, obvio, el “desparangaricutirimicuarizador

A ver qué tal sale ésta:

El rey de Millonícuaro
se quiere desmillonizar
el que lo desmillonice
un gran desmillonizador será…

:D

Saludos,
Omar.

P.D. Queridos calvos y estimados pobres sin ganas de trabajar: ¡lo siento!

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