El candidato de la percepción – Pt. 2

by Omar Fuentes

Hace algunas semanas publiqué un artículo cuyo contenido a casi nadie agradó. Lo que pasa es que osé analizar lingüísticamente al gobernador del cabello engominado y su extravagante obstinación con el asunto de la ‘percepción'; previsiblemente, las implicaciones lógicas que se derivan de su desconfiable discurso no agradaron a sus seguidores. Por cierto, puedes disfrutar de ese artículo aquí.

Enrique Peña Nieto lo hizo otra vez, si bien con mayor sensatez, me parece. El pasado 21 de junio, en Ixtapan de la Sal, pronunció un relamido discurso sobre cómo la información en materia de seguridad pública emitida por los medios de comunicación eclipsa los logros que el gobierno ha alcanzado.

El muy probable candidato tricolor a la presidencia dijo:

(…) En otras palabras, ha tenido lugar a una percepción que a veces contrasta con los avances y logros que se reportan en los discursos, en los informes y las estadísticas oficiales. (sic)

(…) La realidad está ahí, no se debe maquillar y mucho menos ocultar. De ahí la muy delicada responsabilidad de los medios para ubicar en su adecuado contexto los eventos, las noticias y las imágenes de violencia e inseguridad.

No se trata de minimizar las informaciones negativas, pero tampoco de exaltarlas.

Sensato, ¿no?

Pide a los medios de comunicación que sean mesurados en la interpretación de los eventos relacionados con la seguridad pública. Sensato, ¿no?

Las ‘notas rojas’ no hacen más que construir una imagen negativa de México frente a los demás países; por ello les pide prudencia en la forma en la que estas noticias rojas son comunicadas. Sensato, ¿no?

Como argumentaba yo en mi artículo anterior, para Peña Nieto el problema de la inseguridad pública en México está en la percepción de los ciudadanos; como argumentaré en el presente escrito, el problema de Peña Nieto es la realidad misma.

Por ejemplo, en Ecatepec, hoy mataron a un policía del Estado de México con no menos de 10 balazos e hirieron a su compañero con 7 balazos. Un comando armado les disparó cuando iban a bordo de su patrulla. Eso, lamentablemente para Enrique, se llama realidad. Y, si no lo pareciera, pregúntenle a la familia del asesinado su opinión.

Peña Nieto pide prudencia a los medios informativos. Sin minimizar pero sin exaltar. Bien. ¿Qué tal así?

Hoy, en Ecatepec, mataron a un policía del Estado de México con 10 impactos de bala e hirieron a su compañero con 7. Un comando armado les disparó cuando los policías iban a bordo de su patrulla.

Peña Nieto implica que ésta es la solución para evitar el problemón de la percepción. Lo siento mucho, pero el verdadero problema está en la realidad que, sólo después, percibimos.

Se me ocurre que de entre las posibilidades para modificar la percepción (entendida ésta como la interpretación que hacemos de la realidad), está ir con el psicólogo, con el psiquiatra, con el publicista, con el asesor de imagen… vaya, hasta con el traficante de estupefacientes. Pero, de todas las que se me ocurren, no está el ir con el presidente de la República para que me ayude a eso.

En este estricto sentido, lo que yo espero de un presidente no es que me ayude a modificar mi percepción. Lo que espero es que me ayude, desde su muy privilegiada posición, a modificar la realidad de mi país.

No espero un discurso cobarde, irresponsable y pueril del tipo: “El problema de México está en la percepción de los ciudadanos. Nosotros los políticos estamos haciendo nuestro trabajo pero la ciudadanía no lo percibe bien.” Lo que espero es un discurso valiente, responsable y maduro del tipo: “Los políticos hemos sido uno de los más graves problemas de México. Hemos permitido y promovido la realidad que vivimos, con nuestra corrupción, con nuestra obsesión de poder, con nuestras asociaciones secretas con los grandes grupos delictivos, con nuestra estupidez. Yo me comprometo a cambiar esa realidad porque ésa es mi responsabilidad.”

¿Es mucho pedir? No. No lo es. Si alguien tiene la osadía de convertirse en el presidente de este país es lo menos que deberíamos pedir.

“Es una realidad imposible de resolver”, dirían algunos. Entonces que no sean presidentes de una nación. Que sean, por ejemplo, psicólogos o publicistas. Éstos sí se dedican, entre otras cosas, a modificar percepciones. Y, lo mejor para ellos, saben hacerlo.

Una de las más grandes ventajas de la democracia es que puedes elegir a quien te parezca mejor; una de las más grandes desventajas de la democracia es que elegir no necesariamente implica saberlo hacer.

Una de las virtudes de la democracia es que teóricamente refleja la voluntad de un pueblo; uno de los defectos de la democracia es que ser mayoría no necesariamente representa la decisión más inteligente.

Desde mi exclusivo y particular perspectiva, elegir a un presidente que propone que la realidad no es el problema sino la percepción que tenemos de ella sería el extremo más sarcástico del absurdo.

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