Apeto

by Omar Fuentes

(…) Quiero contarte algo curioso sobre mi hijo: Durante algunos días, Daniel insistía en decir “Tengo apeto”. Ni su madre ni yo habíamos empleado esa palabra, ni siquiera la conocíamos, y entonces no sabíamos de dónde la había sacado. Más importante aún: no sabíamos qué quería decir con eso.

Tras algún tiempo nos percatamos que se refería a “Tener hambre”. ¿Cómo es eso? Daniel pensó que “apetito” era “hambre pero chiquita”. Como tenía mucha hambre, pensó que “apeto” era la palabra correcta. Jajajaja. (…)

Daniel
México

Es asombroso, ¿cierto?

Es asombrosa nuestra capacidad para inferir acerca de nuestro lenguaje habiendo obtenido solamente unas cuantas referencias lingüísticas para hacerlo.

Tu hijo, como probablemente muchos otros, fue acumulando algunas experiencias con palabras como:

niñito
perrito
acostadito
dormidito
pollito
calladito

Muy pronto, los niños entienden la noción de diminutivo, es decir, el significado de muchos sustantivos que terminan en -ito, -ita; y, lo más importante, el modo de emplear estas terminaciones.

Como sucede con cualquier otra regla gramatical, muy pronto extraen dichas reglas y generalizan su uso. Entonces sucede que algunos niños dicen bono, como si se tratara del sustantivo original del que se desprende la palabra bonito. Daniel fue más inteligente aún: infirió que apetito, como muchas otras palabras terminadas en -ito, hacía referencia a algo pequeño; quizás razonó: “El hambre que tengo no es tan pequeña, luego entonces debo tener apeto“.

Corolario: Si un día Daniel afirma tener apetote, dale de comer más seguido. ;)

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